- La Justicia clausuró el proceso de salvataje de Algodonera Avellaneda al no registrar interesados.
- La empresa contaba con una plantilla de 360 trabajadores que ahora enfrenta un escenario de incertidumbre.
- El vencimiento sin ofertas habilita al magistrado a avanzar hacia el proceso de quiebra definitiva.
Qué pasó
El periodo de salvataje para Algodonera Avellaneda, la unidad textil perteneciente al grupo Vicentin, concluyó este lunes sin la presentación de ofertas de adquisición. Tras un proceso concursal prolongado que buscaba evitar la desaparición de la firma, el expediente llega a una instancia crítica donde la falta de interesados para capitalizar la compañía acelera el camino hacia una resolución liquidativa por parte de la Justicia.
El proceso había sido monitoreado de cerca por el juez civil y comercial de Reconquista, Fabián Lorenzini, quien intentó durante meses habilitar alternativas para preservar la continuidad operativa. La falta de propuestas concretas en esta ventana de tiempo, destinada a atraer inversores que sostuvieran la estructura frente a sus deudas, marca un hito negativo que deja a la empresa prácticamente sin herramientas legales para eludir la liquidación de sus activos.
Por qué importa
La situación de la algodonera no es aislada, ya que su destino está atado a la compleja red de pasivos y litigios que rodea al grupo Vicentin. El fracaso de este salvataje repercute directamente sobre el ecosistema agroindustrial regional, afectando la cadena de pagos de proveedores y comprometiendo el mantenimiento de una infraestructura que fue considerada clave para el valor agregado del algodón en la zona de Avellaneda.
Cómo te impacta
Si trabajás en la cadena de valor del sector agroindustrial o tenés vínculos comerciales con el grupo, este cierre profundiza la incertidumbre sobre la capacidad de cobro de deudas pendientes. Para los trabajadores de la planta, el escenario implica una protección cada vez más limitada, ya que la quiebra reduce drásticamente las opciones de mantener los puestos de trabajo activos, obligando a los gremios y al Estado a evaluar esquemas de contención social ante la falta de ingresos.
El desarrollo
El conflicto con la algodonera se agudizó tras la postura del Banco Nación, principal acreedor, que mantuvo una posición firme contra la propuesta de salvataje presentada por la empresa, calificándola en su momento de inviable. Esta tensión institucional bloqueó varios intentos previos de acuerdo, impidiendo que el magistrado lograra el consenso necesario entre los acreedores para reestructurar la deuda de forma satisfactoria antes de que se agotaran los plazos legales.
Durante el proceso, el juez Lorenzini había advertido que una liquidación prematura representaría un esfuerzo desproporcionado respecto a los beneficios económicos, intentando buscar una salida que permitiera el funcionamiento del grupo. Sin embargo, las trabas financieras y la desconfianza del sector bancario fueron erosionando la posibilidad de encontrar un comprador, dejando al expediente con la única vía de la quiebra para cerrar definitivamente las obligaciones pendientes del concurso.
La justicia deberá ahora proceder con los pasos formales para la liquidación de los activos, un proceso que suele ser extenso y cargado de reclamos cruzados. La historia de Algodonera Avellaneda ilustra el desgaste final de un activo que, pese a sus intentos de reactivación, no logró sortear los efectos de la crisis financiera de su controlante, quedando finalmente a expensas de la decisión final del juez ante la ausencia absoluta de ofertas privadas.
Redacción Negocios en Vivo · Equipo editorial
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